La Argentina es un país que tradicionalmente ha mostrado altos índices de escolaridad y grandes logros en materia de lucha contra el analfabetismo. La tasa de alfabetización es del 97,2%, una de las más altas de América latina. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en 2005, Cuba (99%), la Argentina (97,2%) y Uruguay (97%) encabezaban el nivel de alfabetización en Latinoamérica. La Argentina, por su parte, ocupa el puesto número 29 sobre un total de 142 países de distintos continentes.
Este es un indicador clave a la hora de analizar las condiciones de vida de la sociedad, ya que impacta, por una parte, en la población infantil, que se ve imposibilitada para adquirir conocimientos e integrarse a la comunidad, y por otro, en la formación de nuevas generaciones capacitadas para trabajar y desenvolverse satisfactoriamente en su medioEn tanto que ocho de cada diez argentinos terminaron la escuela primaria, sólo tres de cada diez finalizó la educación media. Esta brecha entre instrucción primaria y secundaria es actualmente una preocupación para los especialistas en educación, ya que se reconoce la necesidad de desarrollar una escolaridad obligatoria más extensa, que supere los niveles de la educación básica y alcance grados de perfeccionamiento y especialización mayores, acordes con los nuevos desafíos que presenta un mundo globalizado, caracterizado por el desarrollo de nuevas tecnologías.
En las últimas décadas, especialmente durante la de 1990, disminuyó en el país, respecto a etapas anteriores, la participación del Estado en la producción de viviendas y creció la de las empresas privadas, con una oferta de inmuebles destinados principalmente a personas de altos ingresos.En general, se estima que existe un déficit de viviendas, tanto en cantidad como en calidad, especialmente para los sectores de menores recursos.ElCenso Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2001 arroja datos en cuanto a la calidad de las viviendas y a la presencia de servicios e infraestructura habitacional. Al respecto, en la Argentina, 4 de cada 10 hogares tiene viviendas de calidad deficiente. Esto quiere decir que esas familias residen en casas, departamentos, casillas o ranchos que, por la deficiencia de su construcción, no brindan la protección y la seguridad necesarias para asegurar una buena calidad de vida.
Además hemos comprobado que mientras en las zonas urbanas una de las características de las condiciones de pobreza es la falta de medios económicos de la gente para comprar lo que necesita o acceder a la oferta de servicios, en las zonas rurales a esto se le suma muchas veces el aislamiento espacial de los asentamientos rurales. Este aislamiento se debe a la falta de una adecuada infraestructura de servicios o a la gran distancia en que se encuentran respecto de las localidades donde la población puede proveerse de los servicios básicos.
Este es un indicador clave a la hora de analizar las condiciones de vida de la sociedad, ya que impacta, por una parte, en la población infantil, que se ve imposibilitada para adquirir conocimientos e integrarse a la comunidad, y por otro, en la formación de nuevas generaciones capacitadas para trabajar y desenvolverse satisfactoriamente en su medioEn tanto que ocho de cada diez argentinos terminaron la escuela primaria, sólo tres de cada diez finalizó la educación media. Esta brecha entre instrucción primaria y secundaria es actualmente una preocupación para los especialistas en educación, ya que se reconoce la necesidad de desarrollar una escolaridad obligatoria más extensa, que supere los niveles de la educación básica y alcance grados de perfeccionamiento y especialización mayores, acordes con los nuevos desafíos que presenta un mundo globalizado, caracterizado por el desarrollo de nuevas tecnologías.
En las últimas décadas, especialmente durante la de 1990, disminuyó en el país, respecto a etapas anteriores, la participación del Estado en la producción de viviendas y creció la de las empresas privadas, con una oferta de inmuebles destinados principalmente a personas de altos ingresos.En general, se estima que existe un déficit de viviendas, tanto en cantidad como en calidad, especialmente para los sectores de menores recursos.ElCenso Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2001 arroja datos en cuanto a la calidad de las viviendas y a la presencia de servicios e infraestructura habitacional. Al respecto, en la Argentina, 4 de cada 10 hogares tiene viviendas de calidad deficiente. Esto quiere decir que esas familias residen en casas, departamentos, casillas o ranchos que, por la deficiencia de su construcción, no brindan la protección y la seguridad necesarias para asegurar una buena calidad de vida.
El panorama de la pobreza es complejo y se manifiesta de muchas maneras, en la Argentina se utilizan principalmente el indicador de necesidades básicas insatisfechas (NBI) y la línea de pobreza (hogar cuyo ingreso le permiten mantener una alimentación básica, pero no le alcanzan para cubrir en forma elemental otras necesidades básicas) e indigencia (un hogar se halla bajo la línea de indigencia si no cuenta con los ingresos suficientes para cubrir una canasta básica para la alimentación), elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.
La comparación de los datos de NBI de los últimos censos (1980 - 2001) evidencia el descenso continuo de los valores de ese indicador. Si se tiene en cuenta el dato más bajo, correspondiente al año 2001, éste representó 6.543.589 de habitantes con alguna necesidad básica insatisfecha, lo que significó que, aproximadamente, 2 de cada 10 argentinos vivía en condiciones insatisfactorias.
Si se toman en cuenta los datos de octubre del 2001, brindados por la Encuesta Permanente de Hogares, para los 28 aglomerados del país, el 38,3% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza y el 13,6% bajo la línea de indigencia. Estos porcentajes muestran un sensible aumento a partir de ese año y hasta el 2003, donde alcanza los mayores guarismos. La crisis social que eclosionó en diciembre del 2001 está estrechamente vinculada a la situación de emergencia económica de amplios sectores de la población, que llevó al país a niveles de pobreza inéditos en toda su historia.
La lectura de los datos estadísticos a partir del 2003 advierte el descenso en la proporción de hogares carenciados. Entre el 2003 y el 2005 los indicadores de pobreza e indigencia disminuyeron en un 14% y 10%, respectivamente.
Además hemos comprobado que mientras en las zonas urbanas una de las características de las condiciones de pobreza es la falta de medios económicos de la gente para comprar lo que necesita o acceder a la oferta de servicios, en las zonas rurales a esto se le suma muchas veces el aislamiento espacial de los asentamientos rurales. Este aislamiento se debe a la falta de una adecuada infraestructura de servicios o a la gran distancia en que se encuentran respecto de las localidades donde la población puede proveerse de los servicios básicos.
Los indicadores de pobreza, como el de necesidades básicas insatisfechas, no sólo reflejan las diferencias entre provincias ricas y provincias pobres, sino que evidencian que las zonas rurales presentan, en proporción, mayor déficit y precariedad de recursos para la población que las zonas urbanas. Causa determinante de la densidad de población provincial, ya que en muchas ocasiones los sectores de la población por sus condiciones económicas y su aisalacion territorial emigran hacia las grandes ciudades, contribuyendo al aumento de las aglomeraciones urbanas, si y de los hacentamientos precarios (conocidos como villas miseria), sin obtener condiciones de vida dignas, pero accediendo a servicios públicos y a infraestructuras que por su ubicación les eran inaccesibles.
Una de las preocupaciones existentes en las diversas provincias y en los diferentes países es la taza de mortalidad infantil, la cual se relaciona con las condiciones de vida insalubres, la mala alimentación, la falta de salud y seguridad social y con el trabajo infantil, el cual, irónicamente es, además de un elemento componente de esta problematica es, así mismo, el resultado de los factores mencionados.
La existencia de trabajo infantil se vincula fuertemente a las condiciones de pobreza de las familias. La situación de vulnerabilidad social en que se encuentran algunas familias, dados los niveles de desempleo y exclusión social, deteriora el poder de contención sobre los hijos, de modo que éstos se convierten en miembros de la familia que pueden ayudar a obtener recursos para sobrevivir.
En la Argentina, el trabajo infantil presenta características diferentes en las áreas urbanas y las rurales.
El trabajo infantil rural presenta características diferentes ya que el trabajo junto a los padres es la forma más frecuente de inclusión de los niños y niñas en las actividades laborales, principalmente en aquellas familias donde los adultos no trabajan por un salario sino por cantidad entregada (es decir, "a destajo"). Esta modalidad es muy habitual en la cosecha y en los primeros procesamientos de productos agrarios, en floricultores y horticultores.
Un indicador de condiciones de vida muy utilizado en los últimos años en distintos países del mundo y en organismos internacionales es, como hemos mencionado en páginas anteriores, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el PNUD. Se construye a partir de tres dimensiones que se consideran básicas para el desarrollo humano:
- Tener una vida larga y sana. Para dimensionar este indicador se tiene en cuenta la longevidad, cuya estimación incluye la esperanza de vida al nacer (años) y la tasa de mortalidad infantil por causas controlables por el conocimiento médico actual.
- Poseer conocimientos necesarios para comprender y relacionarse con el entorno social. Se considera el nivel educacional, que incluye la proporción de alfabetización de adultos, la proporción de matriculación en los niveles primario, secundario y terciario, y la proporción de sobre edad, lo cual indica el porcentaje de alumnos con mayor edad de la teóricamente correspondiente al grado en el que están matriculados.
- Poseer ingresos necesarios para acceder a un nivel de vida digno. Para expresar este indicador se tiene en cuenta elproducto interno bruto real por habitante, o sea, el valor de la producción total de un país, dividida por la cantidad de habitantes y la tasa de empleo y desempleo, que muestra el porcentaje de personas con y sin trabajo. El Índice de Desarrollo Humano es un valor que varía del 0 al 1. A medida que la cifra se acerca al 1, el nivel de desarrollo humano se aproxima al óptimo.
En el 2005, el promedio de la Argentina fue de 0,788. Este valor es considerado como representativo de un nivel de desarrollo humano favorable: posicionó a la Argentina en el primer puesto entre los países latinoamericanos y en el número 34 entre 177 países de todo el mundo. Pero los valores varían si se tienen en cuenta las diversas jurisdicciones del país. Según el informe, se pueden agrupar las jurisdicciones del país en los siguientes grupos: Ocho provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires superan el nivel promedio del total del país (0,788). Entre ellas se encuentran las patagónicas, con los siguientes valores: Tierra del Fuego con 0,826, Santa Cruz con 0,819, Chubut con 0,816, Neuquén con 0,801, Río Negro con 0,794, además La Pampa con 0,793; otras provincias con índice favorable son Mendoza con 0,790, Córdoba con 0,789 y, con el valor más alto, la Ciudad de Buenos Aires, con 0,836; Quince provincias presentan valores inferiores al índice nacional: entre ellas, Jujuy, Formosa, Misiones y Chaco se encuentran en la peor situación (con índices de entre 0,741 a 0,755). Pero aún existen diferencias regionales, encontrándose la región del norte en la situación menos favorable. Motivo por el cual se deben implementar medidas a corto y largo plazo y llevar a cabo planes sostenibles que impulsen a las zonas mas desfavorecidas a expandir el circuito económico predominantemente cerrado hacia el resto de la sociedad que no cuenta con los medios necesarios para ascender socialmente y establecerse dentro de nación (e incluso del mundo) con la honra y las condiciones de vida indispensables para obtener una calidad de vida digna. Para esto se debe manejar el gasto publico para garantizar la igualdad de todos los pobladores y la equidad social y económica, sin infringir los derechos a las necesidades básicas de los ciudadanos. Por que invertir en concluir con la desigualdad de oportunidades es una adquisición que dará frutos a largo plazo, contribuyendo con el contento poblacional y la estabilidad social y política del país, incluso, estimulando nuestra economía para el desarrollo de nuevas industrias y tecnologías.






